Entre laburo y Covid: mi temporada que se volvió un desafío
No pasó mucho tiempo hasta que entendí que en ese puesto no podía dar lo mejor de mí. No hay absolutamente nada de malo en el puesto de housekeeping, todo lo contrario, pero poco tenía que ver con mi personalidad. Soy comunicativa, me gusta estar rodeada de gente, charlar… pero, ¿y ahora? Dejé mi vida en Brasil por esta aventura y ¿me voy a rendir? Eso no me salía de la cabeza. Fue entonces que la vida empezó a darme señales y caminos hacia el cambio.
Era el año 2021, fin de año haciendo temporada brasileña. Como todavía vivíamos en un mundo lidiando con la pandemia, nosotros, los tripulantes, no teníamos permiso de bajar en los puertos; solo los pasajeros podían hacerlo. El control de quién tenía o no Covid era: para los tripulantes nuevos, además de varios exámenes y vacuna comprobada, hacíamos cuarentena obligatoria de al menos 7 días, asegurando que el nuevo tripulante no tuviera el virus.
El problema eran los pasajeros. Lo único obligatorio era haber recibido la vacuna y traer un test de Covid negativo. Hoy sabemos que eso no funcionaría del todo, pero en ese momento era lo que podíamos hacer. En pocas semanas los tripulantes empezaron a enfermarse por el virus, eran aislados de sus tareas y se recuperaban en sus cabinas asignadas. Todo pasó muy rápido, nuestra rutina era una locura y el virus se propagaba rapidísimo.
El punto crítico fue en el crucero de Año Nuevo, cuando los oficiales a bordo y las autoridades de Brasil se dieron cuenta de que continuar el viaje ya era inviable. Entonces se tomó la decisión: hacer test de Covid al 100% de los pasajeros, retirar a todos los que estaban negativos y someter a cuarentena a los demás en sus cabinas hasta que el virus se fuera y pudieran desembarcar. Algo parecido pasó con los tripulantes, con la diferencia de que los negativos no iban a estar en territorio brasileño jajaja.
En esta locura viral, contraje el virus y tuve todos los síntomas posibles (considerando que ya había recibido dos dosis de la vacuna, que hasta entonces era lo único disponible). Estuve 10 días en una cabina de pasajero, medicándome y recuperándome del virus. La idea era que, después de esos días, volviera a trabajar… pero algo pasó. Se decretó cuarentena total para los tripulantes, por 30 días.
Para ese momento, ya no había pasajeros y pasé otros 30 días encerrada en una cabina. Me llevaban comida tres veces al día, además de agua. Tenía internet disponible y seguí recibiendo todo normalmente, pero lo que realmente quería era vivir… nunca embarqué para no hacer nada.
Fue entonces que entendí esto como una oportunidad de cambio. Empecé a informarme sobre el departamento de bar, que es un departamento grande, siempre buscando nuevos talentos, y comencé a estudiar. Leí todo y más sobre el servicio de bar en cruceros, conocía los nombres de cervezas de todo el mundo, al menos cinco marcas de vodka, ron, whiskey, gin y de dónde venía cada una. Estudié los tragos clásicos y me puse en modo inmersión.
Aún en cuarentena, encerrada en la cabina, apliqué para un puesto en el bar de otra compañía. ¡Sí, lo mejor aún estaba por venir!
Gracias por leer hasta aquí. En el próximo post sigo con este relato que cambió mi vida.
¡Besitos!
