Primer contrato y las mil y una vueltas que viví
Como decía en el último post, estaba viviendo un torbellino de emociones todas juntas y, spoiler: con el tiempo descubriría que en cada embarque esto vuelve a pasar. Pero, por fin, empecé a trabajar.


El primer día, entre mil y un entrenamientos obligatorios, me asignaron a dos compañeros de trabajo para mostrarme las áreas públicas del enorme barco. Yo, como hotel cleaner, tenía que saberlo todo sobre ese gigante de los mares: cada rincón y cómo llegar de la forma más eficiente posible. Me mostraron “puertas secretas”, esas de staff only o que, a simple vista, ni siquiera parecen puertas… y claro, me olvidé de casi todas a los cinco minutos.
Bromas aparte, sabía que eso llegaría con el tiempo. Y como novata, todos lo sabían. Algo que me ayudó —y que puede ayudarte a vos también— es recordar esto: hoy sos la nueva, pero todos (literalmente todos) ya pasaron por eso.
Más tarde, ese mismo día, me informaron que iba a formar parte del night shift. ¡¡¡OBAAA!!! Pero… ¿qué significa eso? ¿Trabajar de noche, pero cómo? ¿En qué horario?
Simple: trabajaba de 7 a 7.
¿Hola??? Yo, que estaba acostumbrada a horarios corporativos de 8 a 17 (con una hora de almuerzo), ¿iba a trabajar 12 HORAS SEGUIDAS? Y encima… ¿sin días libres? ¿Esto está bien?
Y sí, está bien. That’s life. Welcome onboard, little bird. Ready to fly?
Vamos para adelante. No había mucho que hacer, tenía que lidiar con eso. Pero entonces apareció la gran pregunta: ¿y la comida?
Uno de los beneficios de vivir y trabajar a bordo es que no se paga alquiler ni comida. Sí, hay un buffet (en muchos barcos, más de uno) exclusivo para la tripulación, con comidas variadas. ¡OBA! Por fin algo que me tranquilizaba. Como buena brasileña que soy, estaba ansiosa por comer un lindo plato de arroz, feijão y bife… o aunque sea un huevito.
Fui toda emocionada al buffet y, sorpresa: más de 1400 tripulantes haciendo fila para servirse. Ok. Después de unos 10 minutos, por fin empecé a ver las opciones.
CHOQUE.
Lo primero que ven mis ojos: un guiso con algunas cabezas y colas de pescado. Entiendo y respeto que en algunos países eso sea cultural, pero… no era lo que esperaba. ¿Y ahora qué?
Encontré la parte de fast food y agarré una buena porción de pizza con papas fritas (la misma combinación que me daban durante los 10 días iniciales, cuando estuve en cuarentena a bordo). Quién lo diría…
De a poco me fui acostumbrando a la rutina y a pequeños detalles, como: cuál es el mejor horario para ir a comer (menos fila), cuál de los buffets se ajustaba más a mis preferencias, y hasta… cómo usar la máquina de helado, jejeje.
Ahora, ¿querés saber la mejor parte de todo?
NO TENÍA QUE LAVAR PLATOS.
Hay a bordo un equipo (el galley team) que se encarga de la limpieza backstage del barco, incluso en las áreas de la tripulación. ¿Vos sabías eso?
Bueno, creo que hoy esto fue más un desahogo que cualquier otra cosa, jaja.
Pero no te asustes: acá quiero mostrar mi lado de la historia, esa que muchos tienden a SOLO glamorizar. Un poco de realidad viene bien para saber qué puede —o no— esperarte.
Hasta la próxima,
¡Besitos!
Barbara
